viernes, 6 de noviembre de 2020

Llueve.


Irremediablemente mis dedos se ponen a escribir. A mi derecha: un horizonte oscuro, las gotas suenan, deslizándose por el tejado, bailando en el aire hasta caer en el césped. El ruido de un coche sin prisa. Lo escribo y lo atraigo. Antes, el sonido de un avión que me sobrevolaba rugía como un nubarrón bostezando. O al revés. A mi izquierda: la luz del salón me recuerda que he de terminar de maquetar mi trabajo. Pero aún escribo. También me recuerdo que necesito pequeños ratitos buscándome, contemplando al Ser. Cómo conocerme, si soy perpetuo cambio. El camión de la basura me distrae. Sus luces provocan filas de círculos parpadeantes en la ventana de en frente. Casi pareciera una escena del Animate con un movimiento sin fotograma de cierre. Repitiendo el mismo parpadeo en apenas un par de fps. En una trigésima de segundo.



Han pasado 8 días desde el 23 de octubre. Hoy es Halloween, hay Luna azul, tre velas blancas, un incienso de Palo Santo y algo más encendido. Sin querer, al pensar en si había encendido las velas con el rojo o con el blanco y azul me dí cuenta de que el incienso había vuelto a hacer una espiral invertida. Mientras, el humo se mezclaba dándome olores infinitos y la magia que me envolvía se multiplicaba exponencialmente. ¿Será mejor así? pensé, tras varias preguntas que pasaron por mi mente.El camión de la basura vuelve a pasar y las luces en esa ventana me teletransportan al día exacto en que empecé a escribir esta nota. La idea fue tan escalofriante como para sacudir mi cuerpo. Una brisa helada y a continuación un pellizco, como metálico, en la nuca. Bonita historia de Halloween. ¿Soy una idealista por contemplar embobada y cautivada el baile del humo sobre la luz de las velas? ¿Por admirar las formas que dejan bajo la mesa esta noche? Cómo la luz, atravesando los agujeros de incensario, atravesaba el espacio, dejando círculos en mi pelo... Como los de las sombras, pero al contrario. ¿Tiene eso algo que ver con mi deseo latente del próximo tatuaje? Dark tenía algo que ver con esto... pensé también, y luego me pregunté si acaso podría ser tan sensible al arte, que pudiera atravesarme alguna parte del sentimiento de creación de su autor, como si quedara algo, en mí. Acabé llegando a que hasta la ficción más pura, jamás, podría ser ficción alguna, y eso no hizo más que confundirme. Otro escalofrío, este quizás de frío. Noto con mis dedos escriben más lento, tiritan. ¿Qué de círculos por aquí, no?


 Me calenté las manos en la vela más próxima a mí, la más caliente. Jugaba con la temperatura variando la distancia y viceversa. Coño, otro deja-vú. Y volvía a tiritar... Las velas iban disminuyendo su cera a medida que se acercaban de mí. Las consumía.La primera la encendí anoche, las demás esta misma. Sentí de repente como casi una mano, me acariciaba la espalda. Alguien justo al lado abría una puerta y paseaba. Estaba oscuro y no podía ver. Pasaron unos minutos y entonces vi una figura de lo que parecía una persona que se asomaba a mirarme. 



Hoy es el tercero y estoy en mi cuarto esta vez. Ha habido un desdoblamiento y ahora hay 6 velas y 2 inciensos, vibro menos, y estoy templada. Es la tercera temporada. Igual que no hay espacio sin una tercera dimensión, no había lugar aquí sin una tercera parte. He vuelto a escribir mucho más desde esa mirada. Escribo porque estoy aquí. Al leer lo escrito, frases resuenan resuenan de nuevo en mí y el escalofrío se invoca solo con el recuerdo. Esta mañana había pensado que, ¡Hostia el camión de la basura! La espiral que no se había formado hasta ahora, vuelve a formarse. Busqué la triqueta. El trisquel. Leí durante mucho tiempo y continuamente relacionaba conceptos. Lo vi en mi cuerpo. Ardía. Quería clavarlo. Con tinta y sangre. Arañando mi espalda. Sentir que me baño. Entre lo que se muere. Haciendo algo nuevo.


Aquí pertenezco.

🐚


Después de todo esto te he encontrado. Leyéndote. Y he ardido en ti. Me he inundado. He comprendido que tenía, que quería, contarte algunas cosas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario