domingo, 22 de noviembre de 2020

 22/11/2020 a las 22:00 de la noche.

Hace un tiempo soñé algo que hoy, esta noche, acabo de entender mejor.

Estaba en medio de un prado verde infinito, dejando atrás una pequeña aldea con aires de western. Encabezaba una de las tropas preparadas para lo que se presentía una lucha de esas en las que merece la pena arriesgar tu vida, incluso morir, porque hay algo tan grande detrás que toda tu existencia se vuelve algo insignificante. 

Partimos desde una plaza central con una fuente. El sonido del agua es interrumpido por una niña que me ofrece algunos caballos a cambio de un par de escuderos. Su tropa era menor, salía a perder con el cambio, sin embargo acepté buscando unas tropas más equilibradas.

Los caballos parecían ponys, eran bajitos, sin embargo fuertes. Antes de partir, les di agua y comida y asigné a cada caballo un auriga. Menos a mí. Probaba y probaba caballos, montaba varios, pero no se adaptaban a mí, no conectábamos.

De repente, me empuja algo por detrás. Un caballo negro, frío, con una mirada desafiante, el útlimo de todos al que nadie había elegido, me miró y se sentó a mi lado. No tenía silla, ni riendas y sin embargo, sonreí. Me gustaba mejor así.

Me senté. Mis piernas encajaban perfectamente en sus lomos. Coloqué las manos en su cuello y me tomé unos minutos para acariciarle. 

Le dí una pequeña palmadita en el lomo, él se levantó y fui marcándole el rumbo con mis caderas, mientras nos desvanecíamos en la luz del atardecer camino a la guerra.


Lo que en su día me había parecido un sueño de acción, de aventuras, una influencia incluso del Clash Royale, esta noche había adquirido un significado completamente distinto.

En ese caballo me encontré. Ese caballo negro, desbocado, desobediente, impulsivo, indomable. Esa encarnación de la pasión irrefenable, del sentimiento. Ese abismo que se esconde en la oscuridad, en una mirada profunda, en un bufido sordo.

No lo estaba domando, como bien dije es indomable. Conecté con él, conmigo, ambos formábamos uno sólo porque éramos uno sólo y ambos lo sabíamos.

Me reconocí en ese caballo negro. Pero ahora tenía muchas preguntas:

¿Qué intentaba decirme mi subconsciente? ¿Acaso que sólo en la verdadera lucha, entregando todo mi ser, sería capaz de conectar con mi caballo negro? ¿Era yo el auriga, o era el caballo blanco? ¿Era el ocaso una metáfora de esa luz al final? ¿O sólo la ocasión sugiriéndome que el Sol se escondía, para dar lugar a la noche, a la oscuridad, donde tan cómoda y tan incómoda me siento?¿Quizá era ese el único lugar donde era yo misma, toda yo; sola, conmigo, conectándome, como justo ahora?

viernes, 6 de noviembre de 2020

Llueve.


Irremediablemente mis dedos se ponen a escribir. A mi derecha: un horizonte oscuro, las gotas suenan, deslizándose por el tejado, bailando en el aire hasta caer en el césped. El ruido de un coche sin prisa. Lo escribo y lo atraigo. Antes, el sonido de un avión que me sobrevolaba rugía como un nubarrón bostezando. O al revés. A mi izquierda: la luz del salón me recuerda que he de terminar de maquetar mi trabajo. Pero aún escribo. También me recuerdo que necesito pequeños ratitos buscándome, contemplando al Ser. Cómo conocerme, si soy perpetuo cambio. El camión de la basura me distrae. Sus luces provocan filas de círculos parpadeantes en la ventana de en frente. Casi pareciera una escena del Animate con un movimiento sin fotograma de cierre. Repitiendo el mismo parpadeo en apenas un par de fps. En una trigésima de segundo.



Han pasado 8 días desde el 23 de octubre. Hoy es Halloween, hay Luna azul, tre velas blancas, un incienso de Palo Santo y algo más encendido. Sin querer, al pensar en si había encendido las velas con el rojo o con el blanco y azul me dí cuenta de que el incienso había vuelto a hacer una espiral invertida. Mientras, el humo se mezclaba dándome olores infinitos y la magia que me envolvía se multiplicaba exponencialmente. ¿Será mejor así? pensé, tras varias preguntas que pasaron por mi mente.El camión de la basura vuelve a pasar y las luces en esa ventana me teletransportan al día exacto en que empecé a escribir esta nota. La idea fue tan escalofriante como para sacudir mi cuerpo. Una brisa helada y a continuación un pellizco, como metálico, en la nuca. Bonita historia de Halloween. ¿Soy una idealista por contemplar embobada y cautivada el baile del humo sobre la luz de las velas? ¿Por admirar las formas que dejan bajo la mesa esta noche? Cómo la luz, atravesando los agujeros de incensario, atravesaba el espacio, dejando círculos en mi pelo... Como los de las sombras, pero al contrario. ¿Tiene eso algo que ver con mi deseo latente del próximo tatuaje? Dark tenía algo que ver con esto... pensé también, y luego me pregunté si acaso podría ser tan sensible al arte, que pudiera atravesarme alguna parte del sentimiento de creación de su autor, como si quedara algo, en mí. Acabé llegando a que hasta la ficción más pura, jamás, podría ser ficción alguna, y eso no hizo más que confundirme. Otro escalofrío, este quizás de frío. Noto con mis dedos escriben más lento, tiritan. ¿Qué de círculos por aquí, no?


 Me calenté las manos en la vela más próxima a mí, la más caliente. Jugaba con la temperatura variando la distancia y viceversa. Coño, otro deja-vú. Y volvía a tiritar... Las velas iban disminuyendo su cera a medida que se acercaban de mí. Las consumía.La primera la encendí anoche, las demás esta misma. Sentí de repente como casi una mano, me acariciaba la espalda. Alguien justo al lado abría una puerta y paseaba. Estaba oscuro y no podía ver. Pasaron unos minutos y entonces vi una figura de lo que parecía una persona que se asomaba a mirarme. 



Hoy es el tercero y estoy en mi cuarto esta vez. Ha habido un desdoblamiento y ahora hay 6 velas y 2 inciensos, vibro menos, y estoy templada. Es la tercera temporada. Igual que no hay espacio sin una tercera dimensión, no había lugar aquí sin una tercera parte. He vuelto a escribir mucho más desde esa mirada. Escribo porque estoy aquí. Al leer lo escrito, frases resuenan resuenan de nuevo en mí y el escalofrío se invoca solo con el recuerdo. Esta mañana había pensado que, ¡Hostia el camión de la basura! La espiral que no se había formado hasta ahora, vuelve a formarse. Busqué la triqueta. El trisquel. Leí durante mucho tiempo y continuamente relacionaba conceptos. Lo vi en mi cuerpo. Ardía. Quería clavarlo. Con tinta y sangre. Arañando mi espalda. Sentir que me baño. Entre lo que se muere. Haciendo algo nuevo.


Aquí pertenezco.

🐚


Después de todo esto te he encontrado. Leyéndote. Y he ardido en ti. Me he inundado. He comprendido que tenía, que quería, contarte algunas cosas.


jueves, 4 de octubre de 2018

Iteración


Huele a café y los pájaros coordinan sus voces imitando acordes a los que propaga el viento.

Habían transcurrido ya un par de horas desde que Sextus Lulius Pulcher Scrofa, o “Sex. Lupus” como ella decidió llamarle  antes de irse a su cama,  se despidió de ella con un par de besos y las buenas noches, siempre de igual forma pero de distinta manera, como acostumbran a hacerlo desde hace un tiempo.
Como cada noche, ella había quedado con Hipnos, pero este siempre se retrasaba varias horas en sus citas.
Ella bajaba a la cueva, rellenaba su tiempo en algún entretenimiento. A veces leía, a veces escribía, incluso a veces sólo pensaba. La mayoría de las veces, en realidad sólo pensaba.
Se ayuda con Nuvole Bianche de Ludovico para relajarse mientras Hipnos llegaba. 
Cerrará sus ojos mientras dure la canción para sentir aún más la música y ya sea de paso, para evitar que algún día le atraviesen la cara y salgan por la nuca.
Cierra sus ojos.
Necesita esa calma que obtiene cuando se sumerge allí, cautivada por una danza suave que la mece entre sus propias imaginaciones.
Se percata de que al apagar la vista, el olor de Sex. Lupus le llega de inmediato. Se concentra en él. Comienza a escuchar su respiración, apresurada por algún sueño en el que se encuentra sumergido.
Decide recostarse junto a él.
Él le da la espalda. Está profundamente dormido.
La lista de reproducción por defecto decide continuar y escoge esta vez Run, otra pieza del autor.
Se acerca a su cuello.
Le huele durante unos segundos.
Desliza sobre él su dedo índice y corazón, perfilando su rostro.
Sigue otros cuantos más.
Más aún.
Se acerca un poco más, y su nariz roza contra su oreja.
Le encanta su olor, la envuelve.
Excitada por el aroma y la dulce melodía, pasa la mano por su cabello rizado hace ya algún tiempo que descubrió esta extraña afición por las texturas y juega a adentrar sus dedos entre su pelo y sacarlos de nuevo para ver quiénes quedan atrapados entre ellos.
Nota como su respiración se calma por completo y baja el ritmo notablemente.
Sus inspiraciones son más lentas y profundas, al unísono.
Aumenta la intensidad de sus caricias en el pelo, casi iniciando un pequeño tirón en la última, a lo que el reacciona con un breve gemido.
Se lanza a introducir sus manos, buscando cuidadosamente, una a una, la última de las capas que lo cubren. Choca con su espalda, y nace entonces el contacto con su piel.
Puede sentir un ligero escalofrío que le sacude desde la nuca hasta los tobillos. Le entra un calor agradable, pero tiene la carne de gallina.
Sus dedos comienzan a recorrer su cuerpo sin descanso, insaciables, como una llama que acaba de encender un papiro infinito.
Viaja desde su cuello hasta sus brazos, pasa por su espalda, donde se recrea un largo tiempo palpando sus formas, que le recuerdan a esas catedrales góticas que tan bellas y acogedoras le resultan, casi como su espalda desliza sus manos entre los huecos que hay en ella, como quien conduce por una carretera construida entre enormes montañas.
Deja salir a la expedición a sus uñas, quien rasgan su piel con suavidad, penetrando solo lo justo para sentir algo más que un cosquilleo.
Él despierta y se gira.
Ella le mira con ojos culpables por haberle arrebatado el sueño con su deseo.
De repente, la aprieta contra él de un latigazo. Sus bocas se miran intercambiando aire que podría salir de un cráter.
Se inicia un estallido de besos y mordiscos, algunos suaves y algunos más intensos, que empiezan en su mejilla y recorren su cuello, bajando hacia su clavícula.
Le invade esa presión debajo del vientre, que le hace recordar incluso a la señorita Shaw.
Su respiración cada vez menos discreta, sus cuerpos cada vez más juntos, sintiendo cada una las partes de todo su cuerpo, comienzan a bailar hacia delante y hacia atrás bajo las sábanas.
Se encuentra de nuevo con su boca, sus labios se rozan.
Agarra su cabello con fuerza, sus manos cada vez se mueven más deprisa. Todo un desfile entre sus labios y sus lenguas, se coordinan perfectamente con los movimientos corporales que les son impulsados. La energía que los mueve, crece y se transforma en calor y más movimiento, alimentándose mutuamente.
Ella, se abalanza sobre su pantalón y lo hace descender hasta sus rodillas de un ligero mordisco.
Él agarra sus muñecas y las levanta por encima de su cabeza, inmovilizándola.
Ella se muerde el labio inferior ante el roce de su miembro contra su ropa interior.
Él le propina un fuerte mordisco en el hombro, a lo que ella responde con una inclinación de su cuello, alcanzando casi su pezón. Sonríe victoriosa.
Él aumenta la fuerza que ejerce sobre sus muñecas, y presiona aún más su miembro, deslizándolo hasta su ombligo, para volver a descender.
Ella abre los ojos inmediatamente y busca con los suyos esa mirada cómplice, esa sonrisa curvada que le causa tanta lujuria.
La imagen se desvanece.
Las sábanas, están arrugadas al fondo de la cama, formando una espiral.

lunes, 24 de septiembre de 2018

CONEXIÓN INSIDE

¿Conectados?⇎⥁


  1. Conexión: Unión que se establece entre dos o más cosas (aparatos, sistemas, lugares, etc.) o personas para que entre ellas haya una relación o una comunicación.



  1. Conexión actual:Comunicación a distancia con una persona, o con el lugar donde esta se encuentra, especialmente en radio o televisión.
  2. Personas con la que se mantiene una relación amistosa, de trabajo o de interés, y a la que se puede acudir en caso de necesidad.



Las definiciones, cómo su propio nombre indican, definen la palabra. Pero... ¿hasta que punto puede definirse una idea? Los conceptos, son considerados una vía cognitiva, siendo todo esto la raíz de múltiples problemas de concepción, el ansia del ser humano de clasificar, para ¨conocer¨.

Al igual que pasó con la real Democracia y la actual Representación Parlamentaria, los conceptos pueden volverse contradictorios en sí mismos, llegando incluso a ser antónimos, o meras paradojas.

En eso reside nuestra conexión actual. Hemos re-interpretado el término a nuestro antojo, y lo asimilamos como el anterior, es decir, realmente creemos poseer la conexión, pero estamos mucho más alejados de ella que cuando teníamos Internet.

Internet no es más que una fachada diseñada a nuestro libre albedrío, donde podemos parecer O HACER PARECER todo lo que queramos.
Un mecanismo ingenioso, capaz de hacernos creer una realidad totalmente paralela, donde volcamos nuestro tiempo; a veces productivo, pero la mayoría de veces no tanto.
Los medios de comunicación, en general, actualmente son mera información difusa y subjetivizada, que nosotros interpretamos cómo real y verdadera gracias a numerosos factores como el poder de la imagen. 
Y claro, Descartado el racionalismo, y Humanizado el empirismo, se encuentra un conflicto en nuestra manera de aprendizaje que necesitamos llenar[...]

¿Y la maravillosa solución dada y caída del cielo es...?
¿Imágenes? ¿Internet? ¿¨Conexión¨? 
-Instragram

Si todo esto os suena des-contextualizado, recordad que ya existe una carrera para ¨Ser Influencer¨.
No somos verdaderamente conscientes del impacto que esto está teniendo en nuestra sociedad. 
Estamos tan subordinados, tan enajenados de nosotros mismos, que el capitán ha conseguido su cometido, construirnos tantas necesidades innecesarias como sea necesario, mantenernos distraídos de las verdaderas capacidades humanas, distanciados unos de otros por simples ideologías y ¨conectados¨ (y controlados) todos, a través de la tecnología; nos han robado el alma y nos han metido en una burbuja con Internet. Otra paradoja más, la involución provocada por la evolución.

La ignorancia y la no-aceptación son dos reacciones más que frecuentes contra este hecho emergente, si es que se detecta. 
Igual que un delfín capturado de su medio ambiente y sometido a otro involuntariamente, nuestro subconsciente tiende por ende a la adaptación.

Veo pues, necesario, marcar unos límites entre pasatiempo y drogodependencia, que consistan en dar la vuelta a nuestra tortilla de patatas, (que está empezando a quemarse por un lado), y controlar esta situación. El cómo ya reside un poco más individualmente en los intereses y las opiniones de cada uno, pero todos podemos hacer alguna aportación.

Lo que nunca hay que olvidar es la conexión. La verdadera conexión. SER, ESTAR y PARECER. Intransitivos e intransferibles entre sí, distan mucho unos de otros y hay que saber diferenciarlos a tiempo, antes de que el subconsciente aprehenda alguna falacia por nosotros.

Cuando nos conectamos, siempre hay un puerto de conexión que tiene que desactivarse. Cuando nos preocupamos más por capturar el momento, que por disfrutarlo desconectamos el puerto ESTAR para PARECER. Cuando gastamos el tiempo en las redes sociales, dejamos de lado nuestros objetivos, o incluso nos modificamos para encajar en la sociedad, apagamos el puerto SER para PARECER.

Tú decides que hacer con las conexiones.